lunes, 31 de marzo de 2008

Mi teoría de los edredones

Después de una noche (otra más) peleándome con el edredón he llegado a las siguiente conclusión: Los edredones son para quien duerme solo.

He dicho. Y la cosa está clara, por que si duermes acompañado/a tienes dos opciones: una, que te lleven el edredón y estés con medio cuerpo calentito y el otro medio (generalmente el culo) al ras o dos, que te cedan amablemente tooodo el edredón y te mueras de calor, y no consigas encontrar el dichoso final por dónde sacar la pierna para refrescarte un poco.

Los listos me dirán que siempre queda la opción de ser el elemento dominante del espacio dormitativo (palabro), pero sinceramente, las estrategias de supremacía parejil (palabro again) las dejo para cuando estoy plenamente consciente. Cuando duermo, solo quiero dormir. Y cuanto mejor con una manta toledana, de esas que pesan infinito, que metes bien por debajo del colchón y dónde te sientes como dentro de un sobre (que sólo te falta el franqueo) y dónde apenas puedes moverte...

Así que proclamo: Abajo el edredón, ¡viva la manta toledana!