Otra cosa que he descubierto sobre los bebes: son capaces de tener mocos más grandes que sus propias narices. Si, no exagero. Tú le ves un moco a un bebé, y decides quitárselo al pobrecito. Y te pones a tirar, esperando encontrarte un moco "estándar" y resulta que no termina nunca, y sigue y sigue saliendo, y te preguntas si no será que los cerebros de los bebés son verdes y estás dejando tonto a esa pobre criatura, pero no... es solo que son capaces de tener mocos casi tan grandes como sus propias cabezas. Tal cual lo cuento.
(Nota: Por razones obvias me abstengo de buscar una imagen con la que ilustrar este post)
domingo, 11 de marzo de 2007
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